¿Cómo y quién cuenta los manifestantes?

Hoy en Cibeles estábamos bastantes más de los 31.000 que la cicatera Delegación del Gobierno de Madrid dice haber contado.

Los que estábamos éramos de todo pelaje y condición, nada de fachas y derechonas, como quieren retratarnos muchos. Simplemente ciudadanos hartos de que manoseen la Constitución y las leyes, especialmente las penales, cuya estructura y configuración es, como se sabe, de las más complicadas y delicadas del Derecho, pues afectan a la libertad física y espiritual de los individuos y a la paz social.

Claro que habría mucha gente conservadora -conservadora de la Constitución- pero también estábamos muchos de izquierdas -aunque ya no ejerzamos tanto, como dijo con gracia el poeta Jaime Gil de Biedma hace ya mucho tiempo-.

Nos hemos manifestado por la Constitución, por el Estado de Derecho, por la igualdad jurídica de todos los españoles, por la seguridad jurídica. Y llevar la bandera constitucional que yo sepa, no es un delito, aunque parece que da vergüenza exhibirla (España es el único país en el mundo donde la izquierda, los sindicatos, las manifestaciones obreras reniegan de su bandera y prefieren las de las Comunidades Autónomas, ¡curioso!).

No se nos puede descalificar ni en el número, como hace la Delegación del Gobierno, que se supone que es un servicio público y no una oficina de la propagandastaffel, ni denigrar en la intención. Eso es pura mezquindad y mendacidad.

Desde mis primeras manifestaciones, los famosos ‘comandos’ o ‘saltos’ de estudiantes del PCE en 1970 y siguientes, donde éramos como mucho unos trescientos, hasta las dos más inmensas en que he estado, la de después del fallido golpe de Estado del 23F a la de protesta y lamento por el asesinato por ETA de Miguel Ángel Blanco, he visto muchas y aunque no soy experto en aritmética, hoy éramos físicamente, muchísimos más de 31.000 (y en intención muchos más).

Pero, en fin, autoridades del gobierno, si quieren minimizar todo y denigrarnos, sigan así, que muestran ustedes mucha nobleza y altura de miras.

Bueno, pero no seamos malos, a lo mejor no hay que criticar tanto a la Delegación del Gobierno, sino regalarles un libro de aritmética de parvulitos.

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