Casi total silencio en los medios españoles sobre el desastre ecológico causado en una refinería de REPSOL en Perú (y omertà de la empresa)

En la página de REPSOl no hay ni una sola alusión al desastre de su refinería en Perú, ni una nota de prensa: silencio total, omertà. Compruébelo el lector en www.repsol.com. También es curioso que la prensa española tampoco haya dicho casi nada sobre la refinería de REPSOL, una planta de sostenibilidad y respeto por las normas de seguridad ecológica más que discutible, y de cuya gestión llevan quejándose infructuosamente los habitantes de la zona. Solo el 29 de enero por fin El País publicó la noticia. Quizás la publicidad de REPSOL y sus ‘fondos de reptiles’ hayan logrado acallar los medios.

REPSOL, evidentemente, achaca el problema al volcán Tonga y declina toda responsabilidad (¿y tampoco ayuda en la limpieza de la costa?)

Fue descrito por las autoridades peruanas como un «desastre ecológico».

El derrame de petróleo se registró en la costa central de Perú, cuando un buque que abastecía a la refinería La Pampilla fuera golpeado por las olas provocadas por la erupción de un volcán subterráneo en Tonga.

Las autoridades peruanas cerraron tres playas afectadas por los más de 6.000 galones vertidos en la provincia de Callao. Para más información, sígase este enlace:

https://www.dw.com/es/derrame-de-petr%C3%B3leo-en-la-costa-de-per%C3%BA-la-culpa-es-de-repsol/a-60503000

Por otra parte, REPSOL no deja de hacer propaganda sobre su respeto a la naturaleza (!!!!)

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Nuestro gusto por el flagelo

La política imita al arte. Habría que contar cuántas flagelaciones hay en la pintura española, cuántos crucificados, azotados, coronados de espinas. No sé si alguien los habrá contado, pero son miles.

Lo que sí podemos contar es la cantidad de flagelos que nos infligimos a nosotros mismos. La culpa cristiana perdura aún en los más ateos españoles, especialmente en la sedicente izquierda y en los secesionistas vascos y catalanes, sobre todo.

Viene esto al caso ante la reacción (o su falta) de los intelectuales de izquierda ante las lúcidas, inteligentes y oportunas declaraciones de Pedro Castillo, el flamante presidente peruano, que siguen a las del inefable AMLO, quien aunque no cuida de sus ciudadanos, sí es capaz de estudiar la historia y echar la culpa de todos los males de México a España.

La actitud culposa de nuestros bienpensantes españoles se manifiesta cuando confirman el genocidio, el holocausto, la destrucción nuclear (por el núcleo, no por el átomo) de las culturas precolombinas. En fin, somos peores que los nazis y los salones de los secesionistas están de albricias y algarabía porque Castillo y López Obrador no hacen sino confirmar lo que ellos llevan sosteniendo: que los españoles somos crueles, destructores, opresores, de una maldad histórica irremediable.

Conocemos la cantinela, que no es muy nueva ni muy original, de echar culpas a otros. Es un deporte ejercido por todos los países que han tenido colonización y por los que vienen a reparar una avería, que tienen que denigrar el trabajo del anterior pintor, fontanero o electricista.

Todos los males de Argelia vienen, es sabido, de Francia, como los de Sudáfrica de los ingleses, los de Cuba de los yanquis, y así sucesivamente. Da igual que México y Perú lleven ya doscientos años de independencia del yugo castellano: ¡España es y será siempre culpable!

Como hay que aportar soluciones y no lamentos, yo propongo a AMLO y Castillo una serie de medidas urgentes, inaplazables, para liberarse del pesado gravamen español:

  1. Que arrasen todas las iglesias, monumentos, fuertes, rutas, puertos, todo lo que haya sido obra de los malvados españoles o los represente (eso ya lo han hecho en los EEUU con monumentos Cervantes, Fray Junípero Serra y Colón, y todos tan contentos).
  2. Que prohíban la lengua española en su territorio, sancionando a todos los que la usen, la escriban, guarden libros y documentos de los oprobiosos (un Fahrenheit 451º a la latinoamericana. Tienen que leer a Ray Bradbury). Eso ya está en marcha parcialmente en Cataluña con los rótulos, las escuelas (gracias a la señora Celáa), pero es que en Cataluña no tienen valor todavía para hacer lo que deberían llevar pronto a cabo los ínclitos presidentes peruano y mexicano.
  3. Que prohíban a sus súbditos visitar España, imponiendo drásticos visados y permisos de salida. Eso lo hizo muy bien Stalin, tienen donde aprender.
  4. Que prohíban a todos los españoles visitar y poner pie en sus países.
  5. Que repatríen todos los capitales de mexicanos y peruanos depositados en la malvada España.
  6. Que les den la nacionalidad mexicana, como conversos, a todos esos gachupines y demás que les han aplaudido y secundado, pero sin permitirles mantener la doble nacionalidad y, por tanto, pasaporte europeo. Podrán, eso sí, pedir pasaportes polacos, bielorrusos, serbios, croatas, todo, menos españoles.

En fin, cundirá el ejemplo en otros países de América donde nos hemos empeñado en la fábula de la ‘madre patria’ con una ideología digna de mejor causa. Esperemos que Bélgica, otro país oprimido y desarticulado por los necios y malévolos españoles (el Duque de Alba cabalga de nuevo, lo hemos visto con su apoyo a los secesionistas catalanes) no imponga todavía restricciones, porque allí están las sedes de unos cuantos organismos europeos a los que España pertenece todavía. En Bélgica lo harán más despacio, serán más cautos (el espíritu belga es timorato), por ejemplo, reconociendo la independencia de Cataluña, émula de Flandes y de La kermesse heroïque, podrán ir poco a poco prohibiendo el turismo belga a España, a Torrevieja y a Benidorm, y erradicar de Furnes, Amberes, Lier, Brujas, Gante, Malinas y Bruselas, por citar sólo algunas ciudades, todo residuo en tela, papel, pergamino, cuero, metal, piedra o ladrillo de los dos siglos de opresión (ah, y que devuelvan, o destruyan todos los cuadros, pinturas, la vieja imprenta de Plantin, etcétera).

Mientras tanto, en los salones sabios de lo que queda de España, los regocijados intelectuales leerán sólo a Eduardo Galeano como única fuente del conocimiento de América Latina (ojo, no Hispanoamérica, nunca más esa turbia palabra).

Entonen en voz alta nuestros intelectuales burgueses que se llaman progres:

Confiteor Dei omnipotenti et vobis fratres: qui peccavi nimis cogitatione, verbo, opera et omissione.
Mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa.